Un hombre muy mayor vivía en el desierto y un día quiso repartir su herencia entre sus tres hijos. Su herencia era de 17 camellos y los quiso repartir de la siguiente manera: a su hijo mayor le daría la mitad de su fortuna, a su hijo mediano un tercio y el pequeño recibiría la novena parte.
Cuando este hombre murió, llegó la hora de repartir la tan deseada herencia pero... claro, eran 17 camellos. El hijo mayor pensó que cómo iban a dividir un camello por la mitad. Mientras estaban discutiendo cómo repartir su fortuna, llegó un anciano sabio que portaba también otro camello, pero éste no era sano y vigoroso como los demás, sino que le rodeaban las moscas, le faltaba un ojo y casi todos los dientes, estaba flaco y cojeaba. Este sabio, al enterarse del dilema que tenían los tres hermanos, les propuso una solución: él les daría su camello a cambio de un poco de comida. Pero claro, quién se iba a quedar con ese camello tan moribundo... ¿A quién le tocaría? Al final, por la insistencia del sabio, aceptaron el trato y comenzaron a repartir la herencia contando el camello inválido del anciano.
De esa forma, los 18 camellos se podían repartir entre los tres hijos. El hijo mayor obtuvo la mitad de la herencia (9 camellos), el mediano el tercio (6 camellos) y el pequeño la novena parte (dos). Si sumamos 9 + 6 + 2 nos da 17, la herencia del padre.
¿Dónde está el camello del viejo anciano?

1 comentario:
jeje, el viejecillo del camello sabía lo que estaba haciendo
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